La pregunta frecuente es ¿Existe el destino? ¿Acaso está todo prefijado? ¿Voluntad Divina?
Hay mucho de creencias populares, heredadas o construídas, leídas o vistas en redes sociales.
¿Quién podría animarse a afirmar una u otra posibilidad? ¿Con cuáles argumentos? ¿Espirituales, culturales, religiosos, científicos?
Hay un camino que lo trazaron nuestros padres, junto a un significativo cúmulo de expectativas, creencias y anhelos. Ese camino nos lo entregan y, en los comienzos, lo continuamos ciegamente, pues, ¿Cómo atreverse a dudar de lo beneficioso y certero del mismo?
Con el correr de los tiempos, sumando experiencias -buenas y no tan buenas- ese camino puede tornarse empedrado, sinuoso, así como en muchos otros momentos, llano y placentero.
¿Quién conoce lo oculto de este sendero misterioso? ¿Podría descubrirlo? Es más, ¿Podría llegar a modificarlo, sí así lo deseara?
Numerosas personas se petrifican en su propia creencia, entregándose silenciosamente a lo que el camino lo sorprenda y proponga en su recorrido. Otros, en cambio, desafían las "reglas de la naturaleza oculta", y su búsqueda es permanente, aunque no sin tropiezos.
Supongamos que sí hay un camino predefinido ¿Qué actitud debería adoptar ante ello? ¿el detenimiento del tiempo y del espacio? ¿la pasividad y la ciega aceptación de las circunstancias?
¿Quién reina todo esto? Pués es sencillo: El miedo. El miedo, si bien nos resguarda de los peligros, también puede detener nuestra marcha y hasta retroceder, en busca de una aparente comodidad incómoda.
Es que es más fácil sostener creencias cerradas e inviolables que atreverse a soñar. Es más tranquilizador lo conocido y el proyectar hacia afuera nuestros destinos. Sin embargo, ¿Es esto lo que verdaderamente quiere mi alma? Y siendo así, ¿Dónde quedarían mis sueños, mi deseo?
Te propongo simplemente introducir una simple pregunta: ¿Y sí el denominado "destino" fuera una mera creación fantasmática? ¿Qué sucedería con nosotros? ¿Qué estaríamos postergando en la fundamental centralidad de "santificar la vida"?.
Te invito permitirte interrogarte a ti mismo, animarte a decirte en silencio: ¿Y sí yo puedo agregarle renovados ingredientes en este camino que transito?
No es "creer o no creer"; es poder preguntarse con amplia sinceridad: Sí esta es la realidad en la cual me encuentro inmerso ¿Cómo puedo atravesarla de otra manera diferente? ¿Por qué no atreverme a desafiar mi supuesto destino, y ser yo el coartífice de mi vida?
La pregunta está planteada abiertamente. Sólo resta que te animes a realizártela en tu ser interior, buscando calidad de vida...
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