10 may 2009

LOS MIEDOS y LAS FOBIAS
1ra. Parte


1. Nuestras Fuentes
Algunos ejemplos textuales extraídos del Pentateuco (Torá), dejando de lado la exégesis bíblica (interpretación de los sabios). El primero que se podría citar es referido a Adam y Javá (Eva), luego de haber transgredido al tomar el fruto, y ante la Voz que le preguntaba “Aieka”, ¿Dónde estás? Su sentimiento fue de temor, ocultándose de Su Presencia, y luego esquivando la responsabilidad del hecho. En este caso, el miedo se vincularía con el “quedar en falta” ante otro.

El segundo ejemplo podría ser extraído de Iaacov, Jacobo, tercer patriarca, horas previas al reencuentro con su hermano, luego de 20 años de distanciamiento hostil. Su sueño, más allá del contenido y significado que los sabios han señalado en referencia a la Revelación Divina, denota una pelea interna, quizás preparatoria, de lo que iría a ser su reencuentro temeroso con su mellizo. Dejamos de lado, por supuesto, la esencia de este hecho donde, desde el texto se señala, la pelea nocturna con un Malaj Elokim, un Enviado Divino, dejando como consecuencia, un pacto y un nuevo nombre para Iaacov, Israel.
El temor aquí lo podríamos asociar con un miedo a lo que vendrá.

El tercer ejemplo a compartir es en referencia a Moshé, cuando se produce el primer encuentro con el Creador. Allí se describe el primer diálogo abierto, donde se le es solicitado que vaya a Egipto y que le diga al Faraón, que deje salir a Su pueblo. El recorte del texto, en este caso, lo pondremos en las cinco justificaciones que Moshé va emitiendo, a causa de su temor ante tan majestuosa tarea. Sabemos, por otra parte que desde la exégesis, los sabios han resaltado el valor de la “humildad extrema” de Moshé por sobre todas las interpretaciones, y que por eso es que él no se atrevía a adoptar semejante responsabilidad. Veríamos aquí, el temor al desafío, al fracaso y a las posibles represalias.

2. Definiciones

Desde el Diccionario de la Real Academia Española, encontramos las siguientes definiciones:

Miedo
Sentimiento de inquietud causado por un peligro real o imaginario
Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Temor
Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso.
Presunción o sospecha.
Recelo de un daño futuro.


3. Algunas clasificaciones posibles

Podríamos clasificar los miedos de muy diversas formas:
Físicos (corporales) y Psíquicos (mentales)
Externos (provienen por un efecto exterior) o Internos (inseguridad, por ejemplo)
Racional (explicable) e irracional (desmedido)
Reales (amenaza concreta) o Imaginarios (fantasmas, por ejemplo)
Miedos propios (por mi experiencia) o Heredados (que me hicieron vivir –extremo cuidado en la salud, por ejemplo- , que me fueron diciendo –te vas a enfermar-)

Los miedos se podrían referir ante algo nuevo a atravesar, a tener que enfrenar una realidad, ante un peligro externo concreto (riesgos, asaltos, etc.), o bien a llegar a repetir un hecho ya transcurrido.

El miedo también puede ser una sensación necesaria, pues puede prevenir situaciones displacenteras o que produzcan algún tipo de daño. Sin ello, correríamos riesgos de la propia integridad física (fuego, falta de equilibrio, resguardo).

No podemos dejar de lado la realidad en la cual nos hallamos inmersos en nuestro medio. La inseguridad a raíz de los robos y ataques de diferente calibre, nos alertan y ponen en situación de fragilidad e impotencia. La diferencia en ello estará puesta en cuánto esas situaciones me paralizan, me inhiben para seguir la vida cotidiana.

Las noticias y los hechos nos invaden diariamente, poniéndonos en una sensación de desamparo y desprotección social que conlleva a que nuestro organismo, en especial nuestra psiquis, deba ser exigida constantemente para poner cierto control sobre nosotros mismos y no caer en el abismo de la desesperación.

4. Algunos conceptos de la estructura psíquica

Partimos de la base, como venimos diciendo, que nuestro cerebro es decididamente perfecto. Todo funciona automáticamente sin darnos cuenta, aunque a veces nos invada y no nos permita conciliar el sueño.
Podríamos pensar en materia de miedos, que intervienen varios elementos:
Nuestros actos reflejos (aunque no vinculados con el miedo en su origen, sino que reaccionan por efecto físico, por ejemplo, el abrir de brazos al caer, el sacar la mano ante el fuego, etc.)
Nuestras huellas anémicas, esto es, aquellos residuos de memoria que vamos acumulando y que luego tomarán un papel fundamental en las situaciones venideras.
La estructura de la personalidad, lo que conocemos como los rasgos que nos identifica, como ser temeroso, introvertido, inseguro, frágil, prepotente, etc.
Las frases que hemos ido escuchando y viviendo en nuestro marco familiar y que, de alguna u otra manera, fueron siendo parte en mi estilo de vida actual (cuidados, riesgos, temores exacerbados, etc.)

Podríamos afirmar que los miedos, en definitiva, estarán conjugados por:
Sentimientos de fragilidad ante determinadas situaciones
Inseguridad o falta de confianza
Incertidumbres (puede llegar a pasarme a mí)
Autocontrol delimitado

En definitiva, ¿qué es lo que hace a que uno sienta miedo?
El temor a perder algo (material, físico, espiritual)
El punto central lo tendrán la capacidad de racionalización (análisis reflexivo) y el poder llegar a controlarlo.
El problema no es el miedo en sí, sino por sobre todo, lo que mi cabeza va elaborando a raíz de ello (pensamientos, escenas, fantasías sobre lo que podría llegar a pasarme, etc.)